Uno de los elementos tradicionales de debate cuando se habla del mundo de la enseñanza es que todos los grandes proyectos de reforma o de cambio han de pasar por esa gran prueba de fuego que es el interior de la clase. De alguna manera se asimila lo que ocurre entre los muros de una clase a la privacidad de un hogar. El film de Laurent Cantet La clase, Palma de Oro del Festival de Cannes, nos permite entrar en ese mundo especial de relación personal y formativa que constituye un curso de Lengua Francesa en un instituto de secundaria de un barrio periférico de París, a lo largo de los meses que dura un curso, de septiembre a junio. La repetición cotidiana de esos 55 minutos en que transcurre la clase nos permite asistir a la tensión, la alegría, la violencia, las ilusiones y decepciones de un conjunto muy diverso y heterogéneo de adolescentes [SEGUIR LEYENDO ARTÍCULO DE EL PAÍS]